Piedras (Un cuento para niñ@s)

PiedrasHace muchísimo tiempo (aún estábamos en el siglo XX) había una niña muy caprichosa. Todo lo que veía lo quería para ella, sólo para ella, y no paraba hasta conseguirlo.

Una mañana vio en un escaparate un globo terráqueo y, cómo no, al final convenció a sus padres para que se lo compraran. Se pasaba los días enteros mirando el globo: los continentes, los países, los océanos… Un buen día decidió que la reproducción se le quedaba pequeña y se propuso tener el Mundo. Pero no una réplica, sino el Mundo de verdad. Todo para ella. Sólo para ella.

Estuvo dando vueltas a la idea. No era tarea fácil. Los ejércitos no le gustaban. Se tenía por una niña buena y no quería destruir nada. Además, seguro que era muy caro y difícil tener uno. De repente se le ocurrió una cosa: ella era muy pequeña y no podía viajar sola, pero iba a pedir a toda persona que se encontrase que fuera de viaje, que le trajera una piedra del lugar a donde se dirigiera. Así, poco a poco, piedra a piedra, iría construyendo el Mundo en su casa. ¡El Mundo para ella sola! ¡Todo para ella! ¡Sólo para ella!

MundoHabló con conocidos y recorrió estaciones y aeropuertos engatusando a desconocidos. Sin decir sus verdaderas intenciones, los iba convenciendo. Y así, poco a poco, piedra a piedra, fue haciéndose con el Mundo, su Mundo.

Al cabo de un tiempo, la niña miró a su alrededor. La cosa no iba mal. Así con la bobada tenía bastante avanzados varios países de Europa, unos cuantos de América… ¡Incluso había empezado a construir Australia!

Pero algo fallaba. Tras mucho pensar durante varios días, durante varias noches, se dio cuenta de su error: lo verdaderamente importante del Mundo no eran las construcciones. Es más, lo verdaderamente importante del Mundo no eran las posesiones. Lo verdaderamente importante del Mundo eran los seres que lo habitaban. Ellos hacían el Mundo. Ellos eran el Mundo. Y a ellos ni se les podía ni se les debía poseer. Podía tener todas las piedras y cosas materiales imaginables, pero si estaba sola, si su Mundo estaba vacío, realmente no tenía nada.

Metió cada piedra en un sobre y las envió de vuelta a su lugar de origen. Arrepentida y avergonzada de su avaricia, desde ese día empezó a compartir todo lo que tenía y a intentar que a nadie le faltara nada esencial. Y, no conforme con eso,  empezó a cuidar todo lo que la rodeaba para que tampoco le faltara nada a nadie en el futuro. Todo para todos. No sólo para ella…

¡Eso sí que era construir el Mundo!

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